Conocidos mundialmente por la inmortal obra de Cervantes, los molinos de viento han marcado tradicionalmente la vasta llanura manchega.
En el Cerro de San Antón, camino de Tomelloso, cuatro molinos restaurados levantan sus aspas al viento para deleite de los visitantes. Rocinante, Fierabrás, Barcelona y Dulcinea, son los nombres de estos ‘gigantes’, que albergan en su interior el Centro de Interpretación del Paisaje Manchego y el Centro de Interpretación de la Molienda.
Desde su inmejorable situación, estos molinos o máquinas preindustriales que molían el grano aprovechando la energía de la naturaleza, han sido testigos privilegiados de miles de atardeceres manchegos, un precioso espectáculo visual que no nadie debe perderse porque disfrutar de las interminables puestas de sol contemplando la llanura manchega es un momento muy especial que nos transporta al Siglo de Oro cuando nuestro caballero andante recorría los caminos manchegos.
Los alrededores del Cerro de San Antón encierran también otros elementos de interés, como el antiguo polvorín o las antiguas canteras, un espacio que ha sido recuperado, rehabilitado y convertido en un precioso auditorio, al aire libre, que acoge espectáculos musicales de todo tipo en un marco de belleza incomparable. En el mismo Cerro de San Antón encontramos además La Cantera, auditorio al aire libre, un conjunto de galerías excavadas que se convertirá en un futuro en un ión de la Molinería.